Tierna y buena para llamar la atención. Esa impresión me dio cuando leí los comentarios que publicaba cuando era una niña. Creo haberla visto una o dos veces antes de conocernos. De hecho, es lo más seguro, pero no alcanzó para saber mucho.
Ya a corta edad cargaba con una mochila de pesados recuerdos, lo que siempre me llamó la atención, por su modo de referirse esquivamente a ciertas etapas de su vida... a ratos parecía querer omitir con demasiadas ganas algunas historias. Guardaba mucha prudencia cuando hablaba sobre cómo era su vida un par de años atras. Yo, asentía solamente, ocultando mis ganas de saber más, me limitaba a seguir la misma línea de ella, y no preguntar más allá de lo que me comentaba. No tenía tampoco mucho que responder, hemos vivido cosas demasiado diferentes, pensaba que cualquier cosa que le dijera iba a ser demasiado artificial. No todo lo calma un "todo va a estar bien" (como ella hizo conmigo alguna vez), y menos, cuando te están comentando etapas tristes del pasado. Yo, la leía, la escuchaba, y trataba de estar presente cuando me lo pedía, pero también ausente... cuando había estado demasiado tiempo y las conversaciones no fluían como antes.
Le grité dos veces.
La primera fue con silencio y la segunda con indiferencia. Llamé su atención descaradamente cuando algo que me dijo no me pareció correcto, y no le respondí durante un día completo. Sabía que se iba a enojar, pero yo ya lo estaba, y no me importaba. Tomó meses que me diera cuenta que es un día lo que yo demoro en darme cuenta que estoy equivocado. Esa vez, la extrañé y no llegué a las 24 horas de silencio sin sentirme un idiota. En el momento en que dejó de llamarme, la llamé yo con la cara contra las sábanas, y la vergüenza dos pisos más abajo.
La segunda vez ella trató de llamar mi atención de una forma que no me gustó, por lo tanto la ignoré. Me molesté con ella, y conmigo, ya que en ese momento se suponía que ya no tenía que afectarme lo que hiciera. Me molestó que no cumpliera las mismas cosas que me pedía. De todos modos actuar la indiferencia siempre ayuda a que realmente más adelante, las cosas te den lo mismo, y de esta no me arrepentí. Estuvo bien, así todo el silencio posterior, no me molestó tanto.
No sé porqué a veces me acuerdo de esa foto antigua tuya, donde sales de melena corta y sobre sus hombros. ¿Será el lugar?.
Con otras personas, siempre me pregunté después, qué hacía que me hubieran gustado tanto.
Contigo, jamás me lo he tenido que preguntar.