domingo, 24 de enero de 2021

Chocolate

Decías que al caminar juntos, no podíamos dejar que un poste rompiera nuestra lazo imaginario, por eso te estresabas cuando yo jugando corría por un lado, y tu te devolvías y pasabas tras el poste para mantener aun el lazo intacto. A mi me parecía divertido cómo podía hacerte molestar con una de esas cosas tan pequeñas. Es como esa actividad que uno aprende cuando chico, de esconderle un objeto a la niña que te gusta y luego correr con él, o hacer como que lo encontrabas. Claro, yo a esa edad ya no necesitaba llamar tu atención, creía que ya la tenía muy cierta en mi.

Tantos años después, sigo con algunas contradicciones. Me pregunto si realmente asumiste los errores por los que me pedías perdón, pero que luego volvías a cometer. Me pregunto si habré hecho peor las cosas de como pensé que las estaba haciendo, quizás podría haber encontrado la forma de arreglarlo todo.

Lo único cierto, es que cada vez que recuerdo nuestra relación, como un todo, siento lo mismo que siento al comer demasiado chocolate. Hasta cierto punto es un placer, pero luego, mi cuerpo lo rechaza, ya no puede más, y termino por dejar la parte con la que ya no puedo lidiar.


miércoles, 13 de enero de 2021

Pasto

Te dije que había echado por la borda todos los impulsos curiosos, porque en el pasado no me habían traído nada más que problemas. Creía que ya conocía todo lo que necesitaba y que muy pocas cosas podían sorprenderme. Me sentía una especie de adicto recuperado, y que después de haber tenido una sobredosis apoteósica, no habían muchas cosas más que me volvieran hacer sentir algo nuevo y chocante.

Me perdí en el viaje y pensé que había llegado al destino. Y desde esa meta aparente, creía que ya no había más camino para avanzar, y sólo me quedaba mirar para atrás por el resto del tiempo, y sentir que ya todo estaba hecho. Me miraste desconcertada, pero comprensiva. Inclinaste la mirada como diciendo que habías encontrado respuestas a mis preguntas tácitas. Me tomaste una mano y me llevaste atrás de la casa. Bajamos al pasto, e hiciste que me sentara en el pasto, extendiera mis brazos y apoyase mis palmas en el suelo. Dijiste que cerrara los ojos, y echara la cabeza atrás, y respirase profundo. 

Yo con los ojos cerrados te hice caso en cada palabra, y comencé a entender todo lo que me faltaba vivir.