Decías que al caminar juntos, no podíamos dejar que un poste rompiera nuestra lazo imaginario, por eso te estresabas cuando yo jugando corría por un lado, y tu te devolvías y pasabas tras el poste para mantener aun el lazo intacto. A mi me parecía divertido cómo podía hacerte molestar con una de esas cosas tan pequeñas. Es como esa actividad que uno aprende cuando chico, de esconderle un objeto a la niña que te gusta y luego correr con él, o hacer como que lo encontrabas. Claro, yo a esa edad ya no necesitaba llamar tu atención, creía que ya la tenía muy cierta en mi.
Tantos años después, sigo con algunas contradicciones. Me pregunto si realmente asumiste los errores por los que me pedías perdón, pero que luego volvías a cometer. Me pregunto si habré hecho peor las cosas de como pensé que las estaba haciendo, quizás podría haber encontrado la forma de arreglarlo todo.
Lo único cierto, es que cada vez que recuerdo nuestra relación, como un todo, siento lo mismo que siento al comer demasiado chocolate. Hasta cierto punto es un placer, pero luego, mi cuerpo lo rechaza, ya no puede más, y termino por dejar la parte con la que ya no puedo lidiar.