Tengo claro que de lo poco, mucho, de lo corto, intenso. Que de cada beso, tu sabor. De cada abrazo, tu cariño. De cada te quiero, tu amor. Atas tu mano a la mía y los pasos se alivianan.
Soy contigo. Eso no lo puedo obviar. Anhelo devorarme tu corazón completo, porque para esto no hay otro modo. De las caminatas la risa, y de la locura, compañía. ¿Quienes éramos antes de esto? Fácil. Los mismos. Nada cambia y todo cambia. El ritmo nos lleva y voy contigo.
domingo, 26 de abril de 2020
miércoles, 22 de abril de 2020
Más que palabras
Eres mucho más que tu rutina, tus obligaciones y tus auto exigencias. Eres tus sueños, tus ideas y las ajenas que has hecho propias. Esas cosas que has visto y te han gustado, esas personas que te han hecho bien y mal, esos momentos felices y amargos. Esos lugares que amas tanto como para llorar al dejarlos y al volver. Eres tus amigos que te hacen reír, soñar y aterrizar.
Para mi eres eso y más.
Para mi eres eso y más.
sábado, 18 de abril de 2020
Punzante
Ibas caminando rápido, apurada, como si alguna obligación ajena impetuosa te diera la orden de seguir adelante sin mirar atrás, porque no había tiempo. Cuando tienes apuros actúas así, pero siempre se trata de problemas de otros, los tuyos los solucionas diferente, caes en desesperación cuando es por alguien más, y necesitas esa inmediatez en tus soluciones.
Tus cosas las manejas mejor, con un poco más de calma e independencia.
Seguías avanzando tan rápido que a veces olvidabas que yo iba detrás, y no se te hacía difícil soltar mi mano y apurar el paso, porque en el fondo, sabías que yo estaría ahí al voltear, y que no me iba a aburrir o cansar de seguirte.
Una par de veces decidí no hacerlo, y te dejé ir corriendo a tu vida, mientras yo me sentaba, encendía un cigarro y me ponía a revisar si todo lo que hacía estaba bien o mal, y si las cosas malas eran culpa mía, qué factores me habían llevado a eso. Pensaba siempre en eso, que finalmente la suma de todo iba dando resultados constantes, y que la vida era un reciclaje permanente de situaciones, donde tenía que ir tomando lo bueno y desechando lo malo. Incluso pensaba a futuro en que ese momento sentado, de análisis, iba a ser sometido a juicio y ver si había sido netamente bueno, u otra pérdida de tiempo más... divagar y no concluir nada de nada.
Creo que sólo por el hecho de vivencias anteriores, presentía que ya sabía algunos de los resultados. Que te irías corriendo cada vez que alguien más fuera lo suficientemente importante, que tu atención fuera merecida por otros, mucho más que por mi. Que a fin de cuentas, podrías tener razón en tener ese interés punzante en algunas cosas, para las que a mi me considerabas poco apto para conversarlas.
Creo que confiaba demasiado ciegamente en mi juicio, y no era capaz de darme cuenta de que todos los hechos ajenos del pasado no eran una regla real para medir las nuevas situaciones y personas que tenía en el presente. Mis estúpidos afanes de reduccionismo de la mente humana y sus comportamientos estaban completamente equivocados si creía que sabía cómo era todo el mundo, sin siquiera darles la oportunidad. Y sí, estaba equivocado, y luego de aceptarlo me dejé llevar.
Habían pasado unos dos minutos y comencé a sentir un calor en el pecho y un ahogo poco común. Quería abrir la ventana, y me di cuenta de que estaba en la calle y por alguna extraña razón había estado aguantando la respiración sin ningún motivo. Me levanté mareado y pasé suave los dedos por mi frente hacia arriba, tratando de encontrar el centro. Me volví hacía un lado, y ahí estabas, sentada al lado mío, bebiendo esa limonada fría que te encanta, y riendo con la mirada.
- Amor, estás bien?
Sólo esas tres palabras fueron suficiente.
Tus cosas las manejas mejor, con un poco más de calma e independencia.
Seguías avanzando tan rápido que a veces olvidabas que yo iba detrás, y no se te hacía difícil soltar mi mano y apurar el paso, porque en el fondo, sabías que yo estaría ahí al voltear, y que no me iba a aburrir o cansar de seguirte.
Una par de veces decidí no hacerlo, y te dejé ir corriendo a tu vida, mientras yo me sentaba, encendía un cigarro y me ponía a revisar si todo lo que hacía estaba bien o mal, y si las cosas malas eran culpa mía, qué factores me habían llevado a eso. Pensaba siempre en eso, que finalmente la suma de todo iba dando resultados constantes, y que la vida era un reciclaje permanente de situaciones, donde tenía que ir tomando lo bueno y desechando lo malo. Incluso pensaba a futuro en que ese momento sentado, de análisis, iba a ser sometido a juicio y ver si había sido netamente bueno, u otra pérdida de tiempo más... divagar y no concluir nada de nada.
Creo que sólo por el hecho de vivencias anteriores, presentía que ya sabía algunos de los resultados. Que te irías corriendo cada vez que alguien más fuera lo suficientemente importante, que tu atención fuera merecida por otros, mucho más que por mi. Que a fin de cuentas, podrías tener razón en tener ese interés punzante en algunas cosas, para las que a mi me considerabas poco apto para conversarlas.
Creo que confiaba demasiado ciegamente en mi juicio, y no era capaz de darme cuenta de que todos los hechos ajenos del pasado no eran una regla real para medir las nuevas situaciones y personas que tenía en el presente. Mis estúpidos afanes de reduccionismo de la mente humana y sus comportamientos estaban completamente equivocados si creía que sabía cómo era todo el mundo, sin siquiera darles la oportunidad. Y sí, estaba equivocado, y luego de aceptarlo me dejé llevar.
Habían pasado unos dos minutos y comencé a sentir un calor en el pecho y un ahogo poco común. Quería abrir la ventana, y me di cuenta de que estaba en la calle y por alguna extraña razón había estado aguantando la respiración sin ningún motivo. Me levanté mareado y pasé suave los dedos por mi frente hacia arriba, tratando de encontrar el centro. Me volví hacía un lado, y ahí estabas, sentada al lado mío, bebiendo esa limonada fría que te encanta, y riendo con la mirada.
- Amor, estás bien?
Sólo esas tres palabras fueron suficiente.
sábado, 11 de abril de 2020
Su sonrisa enamorada
La muerte me seguía intensa, como una leona tras su presa. A tropiezos y saltos de fé, logré sortear sus zarpadas con inteligencia, y me escabullí a un rincón solitario y oscuro, donde podía oír sólo mis propios latidos. Cada día me sentía más vivo y la selva menos amenazante. En cada una de sus esquinas sentía que me esperaban, y mi prestancia se veía opacada sólo por mis dudas y la incapacidad para reconocerme.
Delaté a mis amores, y en cada vuelta de página iba dejando atrás las cicatrices heladas. Me confesé conmigo mismo y moldeé esta mejor forma antes de meterla al horno y hacerla ver la luz.
Miles de gotas de lluvia inesperada limpiaron las impurezas de mis lentes, el papel se arrugó y la tinta comenzó a hacer sangrar algunas letras al azar, pero nada me importaba más que el verde del pasto y los colores de las flores que gozaban el rocío de una brisa tropical.
Fue un verano lejano e imprudente, con sonrisas a medias y conversaciones fugaces, de observación y risas de niño inocente, atrapados por la corriente, en un mar caudaloso de tiempo inerte.
No sé porqué añorabas quedarte allá, lleno con ese vacío gris de los paseos costeros solitarios, o aquí con el fulgor incierto de la compañía, su mirada nueva, y los colores de su sonrisa enamorada.
domingo, 5 de abril de 2020
Principio
El mar bañando mis pies, enterrarlos en la arena para buscar el frío,
Pisar las hojas cafés y caminar descalzo por el pasto recién cortado,
Unos saltos, unas vueltas y tu vestido largo al viento,
Tu risa perfilada y el perfume de las mañanas juntos,
El café recién servido, la cama a medio hacer,
Y la brisa helada en el pórtico buscando el sol tibio.
Dime, ¿qué otras cosas gozamos los dos en esa vida pasada?
Las infinitas lunas llenas, los cantos en las noches de fogata, y la risa a miradas,
Tu espalda larga y descansada, con sus curvas como mi morada,
Un abrazo, dos besos y los ojos cerrados,
Que corre porque tengo sed,
Y volvemos a lo nuestro,
Un poco de escarcha, el olor a madera y la tierra recién sembrada,
Pedaleando se hace el camino, y mañana cuando vuelvas,
será el principio.
Pisar las hojas cafés y caminar descalzo por el pasto recién cortado,
Unos saltos, unas vueltas y tu vestido largo al viento,
Tu risa perfilada y el perfume de las mañanas juntos,
El café recién servido, la cama a medio hacer,
Y la brisa helada en el pórtico buscando el sol tibio.
Dime, ¿qué otras cosas gozamos los dos en esa vida pasada?
Las infinitas lunas llenas, los cantos en las noches de fogata, y la risa a miradas,
Tu espalda larga y descansada, con sus curvas como mi morada,
Un abrazo, dos besos y los ojos cerrados,
Que corre porque tengo sed,
Y volvemos a lo nuestro,
Un poco de escarcha, el olor a madera y la tierra recién sembrada,
Pedaleando se hace el camino, y mañana cuando vuelvas,
será el principio.
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