lunes, 22 de junio de 2020

Día de julio

Me puse esa chaqueta que te gustaba y el pantalón rasgado en las rodillas. Te dije que me esperaras ahí cerca del río donde nos gustaba ir a conversar y mirar el atardecer. Salí del metro decidido y subí las escaleras tratando de dejar la mente en blanco, para no repetirme una y otra vez un discurso que no me iba a resultar cuando estuvieras al frente.
Llegué y lo primero que me dijiste fue algo sobre mi ropa. La imagen, siempre te importaba eso antes que cualquier otra cosa. Me abrazaste y no me pude hacer el fuerte así que cedí y te abracé de vuelta, pero sabiendo que era una despedida, me tomé un poco más de tiempo del normal.
Te pregunté si tenías algún objeto que te acompañase siempre, un anillo, un aro, un collar, algo pequeño que te desesperase perder. Me dijiste que la verdad no, solías cambiarte los accesorios y no había nada que tuviera ese nivel de apego para ti. Te confesé cuál era mi objeto que me hacía sentir que tenía los pies en la tierra, y que muchas veces perdía... pero al encontrarlo me daba una pequeña felicidad. Te reíste un poco, por lo banal de la conversación, y mirando tus ojos verdes decidí que era el momento de dejarte ir.
Era un día de julio, y para la época no hacía tanto frío, pero sí corría un viento un poco molesto, y estaba más oscuro que de costumbre. Ya no me gustaba ese lugar, y tenía que dejar de pensar que nos pertenecía a los dos. Creo que sólo a miradas, entre esos ojos claros y tu melena rojiza fui capaz de entender que no importaba ninguna de las palabras que te pudiera decir.

lunes, 15 de junio de 2020

Sueño 89 - Cena

Estamos en una casa rectangular, con un patio largo con pasto a un lado, y una piscina al otro.
Estoy con un compañero de colegio haciendo un trabajo en una habitación, al parecer el comedor... tenemos libros, computadores y estamos investigando un tema.
Nos da hambre y yo me pongo a cocinar. Aparece una compañera y me ayuda, y mientras estamos contra el tiempo, llega la familia de la casa que estamos ocupando. Nadie los conoce, pero nos ayudan. Hay muchos niños, y mientras vuelvo a la cocina veo todas las ollas vacías y las porciones servidas en algunos platos.
Le llevo un plato a mi amigo y comemos muy a la rápida. Tenemos que terminar el trabajo y ya está amaneciendo.
Despierto.

sábado, 13 de junio de 2020

Cadera marcada y abdomen plano. Es curioso como recuerdo algunas de esas imágenes cuando pienso en ti. El pelo tomado apuntando hacia arriba, pijama y sandalias cómodas. Tus manos examinando algo en la mesa y parte de tu familia alrededor.
Cómo no pensar en las veces que posé mi mano en tu cintura, y nos abrazamos fuerte con ganas de más...

sábado, 6 de junio de 2020

Lo es para mi.

Te atrapé sin verte en unos de tus vuelos. Te llevé conmigo el tiempo suficiente como para empezar a notarte al despertar. Mientras tu presencia se hacía cada vez más clara, comencé a preocuparme si habías tenido un buen día, y si estabas lo suficientemente tranquila como para ir a dormir y descansar en paz. Te dejé escalar al norte y al sur, y me emborraché sin planearlo con tu perfume y tu sabor en algunas ocasiones. Creeme, hice eco de cada instrucción que me diste.
Eso tendrá que ser suficiente.
Lo es para mi.

lunes, 1 de junio de 2020

Blandí el mejor filo de mi colección y esperé el goce que tuvo el hijo del hombre cuando se reconoció mortal. Anuncié el ocaso de esas nubes pasajeras que nos tejían frases en el cielo. Esperé más de la cuenta por una mirada honesta y caí en sus brazos con olor a lino fresco. Sentí esa inevitable humedad en el rostro que traen sólo las lunas llenas. Después de caminar en horas penumbrosas con el escudo trizado y el alma rota, encontré mis respuestas entre la hierba y su compañía.
Amada mía en, ¿en qué estación del viaje comenzaste a deslumbrarme?