lunes, 24 de agosto de 2020

Acantilado

No he vuelto a saber de ti en muchas semanas. Hace algunos días alguien me habló sobre el tema, pero traté de cerrarlo de manera circular, cosa de que no fuese necesario volver a sacarlo a la luz. De todos modos, quedó enterrado cerca de la superficie de mi conciencia, y te volví a ver entre sueños. Te recostabas a mi lado, mientras pegaba un sol extraño por la rendija entre las cortinas. Me quedabas mirando sin muchas palabras y yo a pesar de no entender demasiado me dejaba llevar y me acercaba para besarte. Desperté de golpe esa mañana, un poco perdido de porqué volvía a soñar contigo luego de algunos meses de tranquilidad. No tenía sentido. Había olvidado la conversación de 4 días atrás, y encontré que no era razón suficiente para tener un sueño así. Me tomé mi tiempo sentado al borde de la cama, y revisité algunos recuerdos no muy lejanos. Entré en esos espacios de melancolía que da la soledad, y reflexioné sobre las cosas que sentía en verano. Me sentí bien después de todo, y ya dejé la bola correr. No me detuve más tiempo del necesario para llegar a alguna conclusión y dejar esas ideas ahí en la orilla de mis pensamientos del día.

Las circunstancias hacen que con el paso de la vida, quererte sea más fácil.