Tocamos las estrellas un par de veces, pero estabas convencida de que había sido solo un sueño. Yo te decía que ese tipo de sueños que teníamos al mismo tiempo eran realidad. Que si habíamos visto las mismas cosas y que si sentíamos las mismas cosas, nadie podía decirnos que no era real. Te reías de esas conclusiones y dejábamos todo pasar como si fuera un juego. Siempre fue bueno pensarlo así, un juego, con algunas reglas estrictas, pero donde lo principal es disfrutar.
Yo me quedé con eso, y siempre que le doy vuelta a una o dos cosas, sonrío para adentro. Las pocas veces que aún hablo sobre ti, cuento que te admiro y que en algunas cosas, me gustaría ser más como tú. Y no, ya no te quiero, pero hacer como que nunca fue así, sería mentirme, y desde niño, siempre me dijeron, que lo peor, era ser un mentiroso.