sábado, 11 de abril de 2020

Su sonrisa enamorada

La muerte me seguía intensa, como una leona tras su presa. A tropiezos y saltos de fé, logré sortear sus zarpadas con inteligencia, y me escabullí a un rincón solitario y oscuro, donde podía oír sólo mis propios latidos. Cada día me sentía más vivo y la selva menos amenazante. En cada una de sus esquinas sentía que me esperaban, y mi prestancia se veía opacada sólo por mis dudas y la incapacidad para reconocerme.
Delaté a mis amores, y en cada vuelta de página iba dejando atrás las cicatrices heladas. Me confesé conmigo mismo y moldeé esta mejor forma antes de meterla al horno y hacerla ver la luz.
Miles de gotas de lluvia inesperada limpiaron las impurezas de mis lentes, el papel se arrugó y la tinta comenzó a hacer sangrar algunas letras al azar, pero nada me importaba más que el verde del pasto y los colores de las flores que gozaban el rocío de una brisa tropical.
Fue un verano lejano e imprudente, con sonrisas a medias y conversaciones fugaces, de observación y risas de niño inocente, atrapados por la corriente, en un mar caudaloso de tiempo inerte.

No sé porqué añorabas quedarte allá, lleno con ese vacío gris de los paseos costeros solitarios, o aquí con el fulgor incierto de la compañía, su mirada nueva, y los colores de su sonrisa enamorada.

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