Caminamos por la costa de ese pueblo antiguo, agarrotado, con miedo a la extinción. Filmamos algunos vídeos de ese verano, las fiestas y esos largos grupos de amigos que tienden a desaparecer con los años. Probamos comidas nuevas juntos e incluso elevamos algunos cometas en fechas que nadie más lo hace. Nos reímos y tomamos muchas horas de sol en las mañanas tediosas.
Te admiré siempre por esa energía que me contagiaba.
¿Qué habría pasado si hubiéramos seguido esos caminos?
Había otra vida difusa, con menos temor, incluso siendo más incierta. A ratos creías que la compañía lo era todo, que el futuro ya estaba escrito y que nombres llevarían.
Hay muchas cosas que cambian para bien.
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