Nos levantamos de la mesa un poco tarde. Como siempre nos quedamos conversando como ese típico par de viejos amigos que no pueden parar de recordar anécdotas del pasado distante y mejor.
Nos reimos un par de horas más y nos fuimos a dormir.
Al día siguiente me acompañaste a hacer unas consultas por ahí, y cuando ibamos caminando nos topamos con un grupo de viejos apoyados en un auto, hablando sobre una rueda pinchada, y una lagartija que los hizo correr como niños miedosos.
Así mismo me sentía a ratos cuando iba contigo a cualquier lado. Con ganas de correr de la emoción, y con miedo a hacer cualquier cosa.
Nunca me gustó leer tanto tiempo después lo que habíamos escrito un par de vidas antes.
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