No entiendo la ausencia, no entiendo la cobardía, no entiendo el rendirse, cuando nos prometimos no volver a hacerle eso jamás a nadie. Mi lucha siempre era hacia arriba, y mi ánimo no podía siempre parchar todo, porque si no recuerdas bien, al principio yo tampoco lo tenía. Me duele el ser extraños y me ha costado más de lo que esperaba volver a pasar por esto. No me gusta perder la amistad, pero tampoco me gustó en lo que te fuiste transformando. A todo el mundo que le cuento las cosas que hacía por ti, me dicen que cómo aguanté tanto. Que cómo no eras capaz de valorar y ser un poco más empática. Yo tampoco lo sé, y quizás usaba como mecanismo de defensa excusas que en realidad no servían.
Hay caras nuevas, con palabras bonitas, pero atención intermitente y eso me incomoda demasiado. Las ansias a ratos me comen como ahora que no sé qué decir, y trato de ignorar el hecho de que estoy esperando respuesta a un correo que quizás ya hayas bloqueado o algo similar siguiendo algún mal consejo. Eso siempre me quedó dando vueltas, cómo podías hacer caso a las cosas más idiotas que te podían decir algunas personas. Todo lo que admiraba de ti se iba al piso cuando me decías que ibas a hacer algo que alguien más te dijo, porque generalmente eran malas ideas.
No sé cuánto más voy a tener que esperar para zanjar esto último que nos queda pendiente, y he tratado muchísimo que no me afecte más allá. Estoy tratando de retomar lo importante, pero no me he puesto al día con la velocidad que he querido. De todos modos, he tenido largas conversaciones, reencuentros con amigos, y muchas cosas que no pensaba que me pasarían en tan poco tiempo. Estamos recién terminando un tercio del año, y en estos cuatro meses he vivido demasiadas cosas, que dudo que se repitan en los cuatro siguientes, pero nunca se sabe, ya veré en qué termino, y cuando será la próxima entrada.