miércoles, 19 de octubre de 2022

Autocrítica

Hay una ramita pequeña en el árbol, es nueva, y le están saliendo unas hojas enrolladas, llega poco sol, y hay días nublados, en algunos se nos olvida rociarle el agua que le prometimos, pero de todos modos el árbol está ahí y nos presta sombra, nos limpia el aire. Nos sentimos algo culpables porqué también tallamos nuestros nombres hace algunos años en él.


miércoles, 11 de agosto de 2021

Apoyados en el auto

Nos levantamos de la mesa un poco tarde. Como siempre nos quedamos conversando como ese típico par de viejos amigos que no pueden parar de recordar anécdotas del pasado distante y mejor.

Nos reimos un par de horas más y nos fuimos a dormir. 

Al día siguiente me acompañaste a hacer unas consultas por ahí, y cuando ibamos caminando nos topamos con un grupo de viejos apoyados en un auto, hablando sobre una rueda pinchada, y una lagartija que los hizo correr como niños miedosos.

Así mismo me sentía a ratos cuando iba contigo a cualquier lado. Con ganas de correr de la emoción, y con miedo a hacer cualquier cosa.

Nunca me gustó leer tanto tiempo después lo que habíamos escrito un par de vidas antes.


martes, 23 de febrero de 2021

Mentiroso

Tocamos las estrellas un par de veces, pero estabas convencida de que había sido solo un sueño. Yo te decía que ese tipo de sueños que teníamos al mismo tiempo eran realidad. Que si habíamos visto las mismas cosas y que si sentíamos las mismas cosas, nadie podía decirnos que no era real. Te reías de esas conclusiones y dejábamos todo pasar como si fuera un juego. Siempre fue bueno pensarlo así, un juego, con algunas reglas estrictas, pero donde lo principal es disfrutar.

Yo me quedé con eso, y siempre que le doy vuelta a una o dos cosas, sonrío para adentro. Las pocas veces que aún hablo sobre ti, cuento que te admiro y que en algunas cosas, me gustaría ser más como tú. Y no, ya no te quiero, pero hacer como que nunca fue así, sería mentirme, y desde niño, siempre me dijeron, que lo peor, era ser un mentiroso.


domingo, 24 de enero de 2021

Chocolate

Decías que al caminar juntos, no podíamos dejar que un poste rompiera nuestra lazo imaginario, por eso te estresabas cuando yo jugando corría por un lado, y tu te devolvías y pasabas tras el poste para mantener aun el lazo intacto. A mi me parecía divertido cómo podía hacerte molestar con una de esas cosas tan pequeñas. Es como esa actividad que uno aprende cuando chico, de esconderle un objeto a la niña que te gusta y luego correr con él, o hacer como que lo encontrabas. Claro, yo a esa edad ya no necesitaba llamar tu atención, creía que ya la tenía muy cierta en mi.

Tantos años después, sigo con algunas contradicciones. Me pregunto si realmente asumiste los errores por los que me pedías perdón, pero que luego volvías a cometer. Me pregunto si habré hecho peor las cosas de como pensé que las estaba haciendo, quizás podría haber encontrado la forma de arreglarlo todo.

Lo único cierto, es que cada vez que recuerdo nuestra relación, como un todo, siento lo mismo que siento al comer demasiado chocolate. Hasta cierto punto es un placer, pero luego, mi cuerpo lo rechaza, ya no puede más, y termino por dejar la parte con la que ya no puedo lidiar.


miércoles, 13 de enero de 2021

Pasto

Te dije que había echado por la borda todos los impulsos curiosos, porque en el pasado no me habían traído nada más que problemas. Creía que ya conocía todo lo que necesitaba y que muy pocas cosas podían sorprenderme. Me sentía una especie de adicto recuperado, y que después de haber tenido una sobredosis apoteósica, no habían muchas cosas más que me volvieran hacer sentir algo nuevo y chocante.

Me perdí en el viaje y pensé que había llegado al destino. Y desde esa meta aparente, creía que ya no había más camino para avanzar, y sólo me quedaba mirar para atrás por el resto del tiempo, y sentir que ya todo estaba hecho. Me miraste desconcertada, pero comprensiva. Inclinaste la mirada como diciendo que habías encontrado respuestas a mis preguntas tácitas. Me tomaste una mano y me llevaste atrás de la casa. Bajamos al pasto, e hiciste que me sentara en el pasto, extendiera mis brazos y apoyase mis palmas en el suelo. Dijiste que cerrara los ojos, y echara la cabeza atrás, y respirase profundo. 

Yo con los ojos cerrados te hice caso en cada palabra, y comencé a entender todo lo que me faltaba vivir.