martes, 12 de mayo de 2020

Pasaron varios buses

Queríamos estar juntos un rato más. Por eso decidimos tímidamente caminar unas cuadras extra juntos, a pesar del frío que hacía esa mañana. Me lamentaba no haber llevado un abrigo extra para pasarte, pero recordé que tenía un gorrito de lana en la mochila y te lo pasé porque en algo podía ayudar. Te veías tierna abrigada así. Procuramos no mirarnos mucho a los ojos, para no decir nada extra, pero esa noche habíamos intercambiado muchas miradas y sonrisas inocentes, y no me podía sacar de la cabeza algunas preguntas.

Caminamos y yo no sabía exactamente dónde íbamos pero confié en tu criterio, no me quería separar aun. A veces en esas caminatas cortas y medio silentes es donde se dicen más cosas. Dejaste pasar un bus, tomaste el siguiente, y te miré caminar a la parte de atrás con mi gorrito puesto. "Listo", pensé. Sana y salva, ahora me voy al mío. Caminé lento, y pensaba en encender un cigarro que no tenía. Tomé el celular y envié algunos mensajes de voz a algunas personas. Hice tiempo, porque no quería llegar tan pronto a casa a dormir.

Llegué a mi parada y pasaron varios buses. Mientras pasaban me entretenía mirando algunos niños jugar, abrigados de ese sol de invierno que apenas entibia el aire. Al final me ganó el cansancio y subí a uno. Iban unos pocos minutos y recibí tu mensaje. Intercambiamos algunos y vi que estabas de camino. Te llamé y sonabas preocupada, el cansancio te tenía impaciente, y perder más tiempo te tenía frustrada. Bajé del bus y corrí varias cuadras sin cortar la llamada. Te vi a lo lejos y cuando llegué me abrazaste. Me decías que no sabías qué hacer y que no querías preocupar a nadie más. Te dije que para mi no era molestia ayudar. Era septiembre, algunos días después de tu cumpleaños, y vendían empanadas recién preparadas cerca. Pedí un auto para que llegases pronto, y cuando llegó nos despedimos y hablamos un poco más por mensajes.

No recuerdo cómo me fui yo a casa, si caminé por otro bus o pedí un auto para mi también después esa mañana, pero recuerdo claramente como unos días después, en que volvimos tarde y te pedí un auto, te fuiste y descubrí que no tenía mis llaves. Tuve que esperar en la calle varios minutos a que terminaras tu viaje para poder pedir el mío.
Ahí me di cuenta lo tonto que me estaba poniendo.

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